
Me niego a perderte cada vez que te marchas, me niego a sufrir tu partida cada vez que retornas a tu casa, me niego a que tu casa esté tan distante de la mía, me niego a seguir despidiéndote o despidiéndome cada cierto tiempo y extrañar tanto tu presencia.
Cómo no sufrir por las mañanas cuando despierto y tus brazos no me rodean, o ya no están tus besos de la mañana, no está tu ternura, simplemente no estás.
Cómo recuperar la risa de los momentos en que desato mi infantilidad y me dejo llevar por mis locuras, si tú ya no estás hasta una próxima vez.
Odio estos momentos en que te has ido y el llanto ahoga mi garganta, me desborda la ansiedad de estar de nuevo contigo. Extraño los besos en mi vientre y estoy segura que nuestro bebé también extraña tu voz y tus caricias en mi panza.
Odio mis celos cuando no debo sentirlos y no se porque los siento, sino los había experimentado con anterioridad con las calamidades de mi vida.
Es tan profunda la libertad que me das que me doy cuenta que no había sido yo misma con nadie más antes, que contigo puedo ser hasta frágil, porque sé que me vas a sostener. No me cuesta nada desahogar mis penas viejas y añejas que me dejan hasta sin aliento cada vez que las desato ante tus ojos.
Espero que llegue el minuto en que ya no te vea partir de mi lado y estemos juntos viendo como nuestro amor sigue creciendo maravillosamente en mi vientre y algún día estará entre tus brazos y llamándote papá.