sábado, 17 de noviembre de 2007

¿¿¿...???


Por lo general siempre nos encontramos derribando límites, fronteras, paradigmas, dificultades, negativas, barreras y contradicciones. Constantemente hablamos de apertura de mente, de tolerancia, de comprensión, de hermandad y de apoyo. Palabras e ideas que son continuamente utilizadas y seguidas por muchos con absoluta fe y convicción, pero ¿qué ocurre en la realidad? Nada, en lo absoluto, en nada quedan en esas hermosas y maravillosas palabras e ideas que al pronunciarse producen una sensación de esperanza, sin embargo, siempre quedan en la proclamación.

En el día a día, nos limitamos, nos aminoramos y nos comienza a atacar la inseguridad. Es muy fácil toparnos con este entorno, puesto que la sociedad cada día se vuelve mas egoísta, mas ensimismada y cada vez mas triste. Sociedades como la nuestra, necesitan de un gran antidepresivo para terminar con el exceso de infelicidad, de tristeza y de desesperanza que se pasea desvergonzadamente delante de nuestros ojos ciegos, no por algo fisiológico, sino más bien, por la negatividad adquirida en el transcurso de los años.

No hay tolerancia puesto que nos molesta la diferencia, cuando en lo distinto y en lo peculiar está la belleza de lo inconstante y de la sorpresa. No hay comprensión puesto que nos molesta quién sufre de alegría desatada y opacamos su inmensa luz con nuestra envidia desmedida por quien es bienaventurado. ¡¿Quién dijo que había apertura de mente, tolerancia y hermandad?! Cuando aún encontramos episodios de racismo y de violencia entre las naciones, de atropello al inmenso de derecho de ser persona sin importar la raza, el sexo, la edad, condición social o procedencia, las creencias, el idioma y la esencia de ser. ¡¿Cómo podemos hablar de comprensión?! Si aún condicionamos el amor, el ser, el vivir, el sentir. ¡¿Qué sucede con los que son diferentes?! Nos reímos, los marginamos, los obviamos y los evitamos. Pero que nos ocurre si no hay nada mas genial que aquél que se ríe con fuerza y estruendosamente en el silencio, como olvidar aquel loco que se pasea felizmente por las calles tarareando una canción; y aquel otro que abiertamente le grita su amor a aquella personita que le hace saltar el corazón fuera del pecho, también está aquel que se destaca por su inmensa timidez y por mas que busque salir inadvertido es imposible no fijarnos en el rumor que produce su bajo perfil. Como no sentirse seducida y atraída por el silencio que produce de quien lee atentamente aquel libro, en el rincón de la sala, que exhala concentración y que la transmite con el vaivén de sus ojos al perseguir las letras que se encuentran en la hoja número 87.

Esto suele ocurrir por el temor de encontrarnos con aquello que desconocemos, pero que paradójicamente tememos por ignorancia. Para que ser tan rebuscados con la equiparación de oportunidades, para que ser tan irónicamente cínicos en enunciar aquello que nos falta por llegar a ser.

Nada hay mejor que amar y realmente amar, por más que sigas siempre soñando con el amor idealizado. Nada hay mejor que ser quienes somos con las geniales virtudes que tenemos que por muy pocas que sean son importantes y que decir de esos defectos, que por terribles que sean le dan sabor a la vida con tu innegable sazón. Nada mas hermoso que la fragilidad de tu fuerza y la fuerza de tu fragilidad. Nada mas irreverente que no lo seas y nada mas genial que tus destellos de excentricidad. Nada mas hermoso que seas absolutamente imperfecto, eso es lo que nos hace quienes somos y hace que le pongamos nuestro sello a la vida. De todas maneras reflexiona esto, ¿qué sería de tus padres, hermanos, tíos, amigos, primos, conocidos, desconocidos, por conocer, de quien nos molesta y molestamos, nos aburre y aburrimos? Una lata, que sería fome, ¿no crees?