
No sé como se dio, pero comencé a caminar por las calles en la noche y el cielo estaba estrellado y la luna maravillosa, aún no estaba llena, pero emanaba magia de igual manera. Me invadió una sensación de paz y de tranquilidad y recordé a un alguien que siempre me criticaba el hecho que nunca me disfrutaba y tampoco a mi soledad, verdaderamente lo recordé, porque logré disfrutar ese momento que era mío y pude meditar sobre mi vida, mis proyectos, en quienes han entrado y salido de mi vida y las huellas buenas o malas que dejaron en mi vida, mi familia, mis sueños y el caminar absolutamente sola a mi ritmo, entrar y salir de donde quería, ver, sentarme, respirar, parar, fumar, reír todo a mi modo y tuve una sensación de plenitud que pocas veces he sentido. Logré entrar en comunión con mi interior y mi libertad, no me había imaginado nunca que la soledad puede ser cómoda en algún instante.
Me fui a la plaza, me senté frente a la pileta y con los cielos esplendorosos y ardiendo con sus estrellas y la luna, con un cigarro en la mano y con el ruido del agua brotando de la pileta pude observar aquello que nunca me había detenido a mirar y pude ver la belleza de ver como las personas se amaban en unas bancas más allá, otras reían de un buen recuerdo, amigos confidenciándose algunos secretos, otros caminaban mirando el suelo buscando respuestas que no van a salir de allí, pero las buscaban igual; otras personas pasaban y me miraban como si fuera una loca, porque estaba sola y con una cara de tranquilidad, que creo que incluso les molestaba; no falto el individuo que paso exhalando nerviosismo, pánico y stress, me dio pena su estado, ya que en algún minuto estuve así, de verdad que lo lamenté por él. Pasaron varios minutos y los recuerdos afloraban solos y la imaginación insolente me llevaba a los brazos de alguien que ya no está, trataba de luchar con esas ideas destructoras y poco productivas, para no alimentar algo que ya no es y no será, en algún otro minuto odiaba al que tanto había amado, porque se le ocurrió aparecer cuando ya no tenía sentido y solo por un libro que ya no sé si quiero recuperar, saltaban mis pensamientos de un lado a otro, de repente estaban en quien me hizo llorar tanto y en otros en quien me sorprendió con un clavo saca otro clavo. El minuto pleno se cayó y decidí seguir caminando. A poco andar me encontré con una tienda de antigüedades que tiene unas fotos maravillosas y me quedé un rato admirándolas y curioseando la postura, la mirada y la expresión del pasado en la cara de alguna señorita; la sonrisa inocente de un niño que sostenía con orgullo su pelota, una boda feliz con los ojos llenos de felicidad y de amor que expresaban esa alegría inmensa de sostenerle la mano al otro, sin ánimo de soltarla jamás. Nuevamente pude respirar esa sensación del disfrute en soledad y me fui caminando, sin apuros y mirando el cielo, los edificios y la noche. Iba caminando casi extasiada por este descubrimiento de que mi soledad puede ser mas entretenida de lo que había imaginado, pero nuevamente se iba a acabar, me iba a encontrar con mis amigas para salir, no era malo, pero me hubiese quedado por muchas horas más caminando y vagando por las calles hasta que el frío me ordenara que me fuera para la casa a abrigarme y me sorprendí de que ya no disfrutaba de la vida de la misma manera que hace un año atrás.
De pronto estaba decidido, lo haré más seguido y me siento ansiosa de hacerlo de nuevo, porque de verdad que me sentí segura, tranquila, pero por sobre todo en paz, necesitaba encontrar esa sensación y ya sé como encontrarla. No les será difícil encontrarme alguna vez caminando sola y feliz.
Me fui a la plaza, me senté frente a la pileta y con los cielos esplendorosos y ardiendo con sus estrellas y la luna, con un cigarro en la mano y con el ruido del agua brotando de la pileta pude observar aquello que nunca me había detenido a mirar y pude ver la belleza de ver como las personas se amaban en unas bancas más allá, otras reían de un buen recuerdo, amigos confidenciándose algunos secretos, otros caminaban mirando el suelo buscando respuestas que no van a salir de allí, pero las buscaban igual; otras personas pasaban y me miraban como si fuera una loca, porque estaba sola y con una cara de tranquilidad, que creo que incluso les molestaba; no falto el individuo que paso exhalando nerviosismo, pánico y stress, me dio pena su estado, ya que en algún minuto estuve así, de verdad que lo lamenté por él. Pasaron varios minutos y los recuerdos afloraban solos y la imaginación insolente me llevaba a los brazos de alguien que ya no está, trataba de luchar con esas ideas destructoras y poco productivas, para no alimentar algo que ya no es y no será, en algún otro minuto odiaba al que tanto había amado, porque se le ocurrió aparecer cuando ya no tenía sentido y solo por un libro que ya no sé si quiero recuperar, saltaban mis pensamientos de un lado a otro, de repente estaban en quien me hizo llorar tanto y en otros en quien me sorprendió con un clavo saca otro clavo. El minuto pleno se cayó y decidí seguir caminando. A poco andar me encontré con una tienda de antigüedades que tiene unas fotos maravillosas y me quedé un rato admirándolas y curioseando la postura, la mirada y la expresión del pasado en la cara de alguna señorita; la sonrisa inocente de un niño que sostenía con orgullo su pelota, una boda feliz con los ojos llenos de felicidad y de amor que expresaban esa alegría inmensa de sostenerle la mano al otro, sin ánimo de soltarla jamás. Nuevamente pude respirar esa sensación del disfrute en soledad y me fui caminando, sin apuros y mirando el cielo, los edificios y la noche. Iba caminando casi extasiada por este descubrimiento de que mi soledad puede ser mas entretenida de lo que había imaginado, pero nuevamente se iba a acabar, me iba a encontrar con mis amigas para salir, no era malo, pero me hubiese quedado por muchas horas más caminando y vagando por las calles hasta que el frío me ordenara que me fuera para la casa a abrigarme y me sorprendí de que ya no disfrutaba de la vida de la misma manera que hace un año atrás.
De pronto estaba decidido, lo haré más seguido y me siento ansiosa de hacerlo de nuevo, porque de verdad que me sentí segura, tranquila, pero por sobre todo en paz, necesitaba encontrar esa sensación y ya sé como encontrarla. No les será difícil encontrarme alguna vez caminando sola y feliz.
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